Adictos a una vida

14 12 2008

Has logrado alcanzar las metas que te has propuesto, has besado a las personas que formaron parte de tu vida, parte de tu obsesión. Has abrazado a los tuyos, alimentando los vínculos familiares, avivando la hoguera de un acogedor hogar. Has firmado con sangre,  que dedicarás tu tiempo y sudor a los sueños que por el momento solo deambulan en tu mente. Has corregido tu camino tras tus numerosos errores, has aprendido más de lo que esperabas aprender en tus buenas y malas decisiones. Has conocido a la muerte de cerca, se han ido personas que formaban parte de tu historia, dejando heridas de una difícil cicatrización. Pero has avanzado, has sabido encontrar un manantial de oxígeno en las profundidades del océano, una escusa para seguir avanzando, un nuevo objetivo por el cual volver a abrir los ojos.

Sin embargo, tras esa fachada, tras los ladrillos de los sueños, tras el muro de la amistad, y tras la protección del amor, notas que tu corazón es imprevisible. Percibes que el enorme castillo que has construido para él, también lo está aislando de un mundo aún desconocido. Que abrigarlo de calor, lo hace un completo ignorante del frío, que proteger tus sueños a muerte, significa que tu corazón no es capaz de ver más allá del horizonte; “Haz lo que quieras en la vida, mientras sepas lo que haces”. Cuando llega la comodidad, llega la apatía, la pérdida del sentido de la vida.
No conviertas a tu corazón en un adicto. No tengas adicción al beso, no tengas adicción a tus sueños. No dependas de la comprensión de tus amigos, de la aprobación de tus familiares. No tengas adicción a las medallas, a los diplomas, a los trofeos. El problema no son las drogas, el problema es el hábito. Y si percibes que tu vida siempre gira sobre lo mismo, que no diferencias un día de otro, que se convierte en una dosis previsible, es que te has enganchado a la peor de la substancias: Acostumbrarse a vivir.

Abandona la idea de coche, de casa, de carrera, de mujer e hijos perfectos. Abandona todo concepto. Abandona tu ropa, tus joyas, tus pearcings, tu estética. Abandona todo esto por un momento si de verdad quieres saber si lo que tienes en tu vida es lo que quieres, o por el contrario, es el eco de lo que te han hecho pensar que quieres.

Sólo si sabes mantener el silencio en tu interior tras leer esto, te sentirás incomodo/a, y después, una enorme fuerza interior llamada amor, la culpable de los cambios en la vida.

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14 12 2008
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