El peligro de la Humildad

7 08 2008

En verano se iban a celebrar los campeonatos de lucha libre en la ciudad egipcia de Heliópolis. Azahar se había estado preparando intensamente desde hace un año, día y noche, para los combates en la ciudad del Sol.

Semanas anteriores al evento, amigos, familiares y forofos del joven luchador, no dejaban de atosigarle con preguntas de todo tipo:

-Sabes que vas a ganar ¿No? –Le repetían una y otra vez en su ciudad natal.

-¿Sabes qué eres el mejor? –Le dijo su Padre.

-Chico, Heliópolis está contigo, eres el favorito –Afirmaban entusiastas del joven.

-¿En qué invertiremos la recompensa del faraón? –Le preguntó su amada el día antes.

Azahar, a pesar de que en lo profundo de su ser sabía que era el luchador más preparado para el evento, se vio aturdido por este tipo de preguntas. A las cuales no supo muy bien cómo responder:

-No sé… ya veremos… hay gente tan buena como yo –Era su respuesta preferida.

-A ver si tengo buena suerte –Era su segunda frase comodín.

-No anticipemos hechos, amor mío –Le respondió con sinceridad a su amada.

Llegó el día del combate. Treinta y dos luchadores provenientes de todas las ciudades del alrededor, estaban dispuestos a derramar cada gota de sudor y sangre. Azahar no era una excepción, estaba allí por el simple hecho de vencer, no tenía más motivación. Paradójicamente, aún teniendo el objetivo de la victoria de una forma intrínseca, su “humildad” no le permitió responder convencido a toda esa gente que necesitó escuchar de sus labios: “Sí, venceré”.

Y no venció. Una veloz patada de su rival se dirigía hacia su cara. El tiempo se congeló. Se detuvo. Lo paró su mente para prestar atención a cualquier estímulo.

De repente, el brazo le dio conversación:

-Tranquilo, he sido preparado para detener este golpe –Le confirmó el brazo al cerebro.

-No sé si puedo hacerlo, es muy buena esa patada –Respondió su confusa mente.

-Yo no decido, tú mandas, solo te he descrito mis capacidades, he sido entrenado durante un año para detener todo tipo de golpes –Insistió su brazo.

-No te anticipes a los hechos- Fue la última palabra de su mente. Ya que tras el impacto de la espinilla sobre la sien de Azahar, la apagó definitivamente y el joven luchador perdió la consciencia. Perdió el combate.

Un combate que no debió haberse perdido nunca. Toda la seguridad que había forjado mientras entrenaba se derrumbó por no encontrar las respuestas correctas. Por refugiarse en una incómoda humildad, que todos experimentamos cuando sabemos con certeza que sí somos capaces de hacer algo. Sin embargo, optamos por decir la verdad a medias, o una contestación falsa pero “humilde”.

Brilla sin deslumbrar a los demás, esto es la verdadera humildad. No apagar la luz. Pues una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

Heilópolis

Heliópolis

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2 responses

7 08 2008
Bitacoras.com

Información Bitacoras.com…

Si lo deseas, puedes hacer click para valorar este post en Bitacoras.com. Gracias….

7 08 2008
Iris

Que cierto… vaya manera de lapidar el texto, la frase final me encanta.

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